El debut de la Universidad de Chile en la Liga de Primera 2026 sigue dejando coletazos, y esta vez no son deportivos. Tras los graves incidentes registrados en el Estadio Nacional —que incluyeron fogatas, destrucción de rejas y lanzamiento de proyectiles—, el alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, rompió el silencio con una crítica feroz hacia las autoridades y el club organizador.
Crítica a la gestión del recinto
Para el edil ñuñoíno, lo ocurrido el pasado viernes no fue una sorpresa. Sichel calificó la situación como una “administración irracional” por parte del Ministerio del Deporte, acusando que se prioriza el arriendo del coliseo sin garantizar la seguridad de los vecinos ni la integridad del patrimonio público.
“Hoy vemos un mal uso del Estadio Nacional amparado por un dueño irresponsable, el Ministerio del Deporte, que lo ha arrendado masivamente sin tener control de cómo se usa”, disparó el alcalde, poniendo el foco en la falta de protocolos de ingreso y la nula persecución de los delincuentes.
Exigencia a Azul Azul
Sichel tampoco escatimó en críticas hacia la concesionaria que administra a la “U”. El alcalde hizo un llamado a que el Estado sea riguroso con los arrendatarios: “Que Azul Azul cumpla esos protocolos y, si no, que paguen y sean sancionados”.
Según la autoridad comunal, se ha afectado el derecho fundamental de los residentes de Ñuñoa, quienes deben lidiar con la violencia de “delincuentes disfrazados de hinchas” cada vez que se programa un evento de alto riesgo sin las medidas adecuadas.
¿Peligra la localía?
Aunque el IND aclaró previamente que no se ha evaluado quitarle la localía a la Universidad de Chile, la presión política ejercida por Sichel pone una cuota de incertidumbre sobre las condiciones en que se facilitará el estadio para los próximos encuentros del “Romántico Viajero”.