Anteriormente ahondamos en la conformidad existente en los clubes con los dineros obtenidos por las transmisiones de los partidos lo que conlleva a la poca competitividad en torneos internacionales, pero poco se tocó el otro damnificado por el poco interés de inversión y la miopía selectiva a las posibles ganancias que tienen los clubes actualmente: El fútbol joven.
Resulta extraño, que en un negocio donde los principales actores son los jugadores, no se invierta tanto en el desarrollo desde las primeras etapas del jugador como en implementación para maximizar dicho desarrollo.

Se entiende que la parte formativa de los jóvenes deportistas es una apuesta arriesgada, ya que nada te asegura que al jugador que has guiado durante toda la niñez y adolescencia, el día de mañana se convierta en un jugador que genere réditos suficientes para el club. La carrera de un joven se puede terminar repentinamente por muchas variables incluyendo lesiones, accidentes, incluso, la desmotivación del ser humano con la actividad. Además de eso, no sólo tienes que invertir en el desarrollo futbolístico del joven, sino que también, tienes que asegurarte que tenga buena educación, que se alimente de buena forma, y en casos extremos, darles un techo para vivir. Con toda ésta incertidumbre que rodea la posible carrera de una promesa de jugador, no es extraño, que las personas que manejan el fútbol criollo, no se interesen en invertir en sus canteras ya que la mentalidad del empresario, de la persona que piensa primero en el dinero y después en el ser humano detrás, es generar recursos en la inmediatez, lo más rápido y abundante posible. Todo esto a pesar de que cuando tienes éxito en la formación de un jugador y llega a dar talla mundial, por los montos en que se transan en el mercado futbolístico actual, la ganancia es estratosférica e incluso, si no lo vende tu equipo directamente, igual recibes sustanciales cantidades de dinero por conceptos de formación del jugador.

El problema es que la mentalidad de las gerencias deportivas es sólo una de las muchas trabas que tienen los jóvenes para ingresar al mundo del fútbol. Un secreto a voces son los compadrazgos que se aprecian en las pruebas para cadetes, donde un veedor o entrenador incluso con poca atención, examina a los cientos de candidatos que se presentan a las pruebas, ya que tienen decidido quién va a entrar y quien no, no por talento, sino porque es hijo de, amigo de o conocido de tal o cuál persona. El sistema está viciado, y no se hace nada para arreglarlo, darle más tribuna al fútbol joven. Ya no existen los días en el estadio, donde muy temprano jugaban los juveniles para al final de la jornada, ver el partido de los adultos por el campeonato.
Los jugadores debiesen ser los principales activos de los clubes y éstos deberían invertir en su formación desde las primeras fases, sin compadrazgos, sin vicios en los procesos de selección y con enfoque en formar no tan sólo a un gran deportista, sino que a un mejor ser humano.

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